Cierro los ojos, veo viñetas, parece una película de tragicomedia, pero es solo un resumen del año. 2 simples meses para dejar atrás un año donde aprendí más de lo que perdí, crecí, me conocí y viví.
Me lancé con los brazos abiertos con dirección desconocida, pero mi brújula no marcó el norte, decidió marcar un camino de aprendizaje, de llantos, de fuerza, de nuevas personas. Hace 10 meses, nadie me diría donde estoy, ni como estoy.
Tenía una vida cómoda, me había adaptado a todo lo que me rodeaba, y quizás era una vida que muchos deseaban, pero yo no. ¿Cual es el precio de la felicidad? ¿la costumbre? ¿el miedo? No -me dije- no voy a esperar que lo que me rodea cambie por mi, voy a cambiar yo. Le dí un sentido a mi vida, o al menos, un poco de "diferencia", que me empezaba a remover el estómago, que me estaba haciendo sentir viva.
Dejé atrás cosas que quería, solo que ya no como se merecían, ni como yo merecía. Y no puedo negar que a veces echo de menos mi vida anterior, pero solo me llenaría un porcentaje de mi, no todo de mí. Desde que avancé, no he mirado atrás, me he sentido como mucho tiempo atrás no hacía, y en mi sangre ahora corren aventuras, locuras que hice para cometer más locuras aún, desde besos escondidos detrás de una calle hasta las mayores despedidas, a mi vida volvieron personas del pasado y se fueron quienes ya sobraban.
Y sí sufrí, pero estoy orgullosa, porque sufrí por mi, por verme feliz y os aseguro que no hay sufrimiento mas placentero que aquel que te encamina a la felicidad.

Comentarios
Publicar un comentario