Que complicado hacemos el amor, enredamos lo que no se enredaría al natural, y queremos deshacer lo imposible, con lo fácil que es fluir. Sí, fluir, eso es lo que se siente al querer de verdad, sientes como flotas cuando esa persona te acompaña, y cuando no, también flotas, fluyen separados y juntos, cerca y lejos, crecen a la vez y una de tus mayores alegrías empieza a convertirse en que la otra persona también consiga sus metas, impulsas y dejas libre a la vez, quieres libre, sin atar, entiendes lo que es sanar con amor, caricias y con palabras apropiadas consigues erizar la piel, pasar por tus dedos y mojar tus huellas de amor sin olvidar que siempre hay forma de perder las maneras, y que con esa persona las perderías todas.
Pero enredamos, preferimos no fluir, preferimos medir que y por qué hacerlo, y no dar sin más, temiendo un "soy idiota" o "se han reído de mi", sin pensar que estamos siendo nosotros y de la otra manera solo cohibimos lo que sentimos, así enredamos, pero si no hubiera para enredar, tampoco para escribir aquí, sobre ti.

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